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Vidal visitó a un productor de Chacabuco: «Tómo nota de nuestras problemáticas»

Juan Carlos Moro vive en un campo ubicado a unos 25 kilómetros de la ciudad y allí recibió a la gobernadora. En una charla de dos horas en la cocina de su casa, el hombre le planteó las dificultades que atraviesa el sector.

Juan Carlos Moro es un pequeño productor rural de Chacabuco que tiene 63 años y vive junto a su familia en un campo ubicado en el kilómetro 226 de la Ruta 7. El viernes 11 de mayo, Juan Carlos Moro recibió en su casa a la gobernadora María Eugenia Vidal, quien meses antes le había prometido “ir a tomar mates” para charlar acerca de las problemáticas que atraviesa el sector.

En diálogo con Democracia, Moro se refirió a la intimidad de la visita y detalló cómo se gestó la reunión.

– ¿Cuándo vio a la gobernadora por primera vez y cómo se gestó este encuentro?

– En marzo pasado me enteré de que la gobernadora iba estar en Bragado, que se iba a reunir con la Mesa Agropecuaria Provincial y yo siempre tuve necesidad de comentarle a los gobernantes la situación que atravesamos los pequeños productores, entonces fui. Se había armado un vallado y luego de la reunión Vidal comentó en público acerca de los proyectos que tenía la gobernación. Con ella estaban el presidente del Banco Provincia, el ministro de Agricultura, había gente de Vialidad, el intendente de Bragado y más autoridades. En ese momento no hubo oportunidad de debate, yo me lamenté porque quería hablar con ella y mientras comentaba los proyectos le asistí con el pulgar, después se acercó y le dije “acá tiene un pequeño productor, gobernadora”, me arrimé y le hice seña con la mano si podía venir. Ella accedió sin apuros y le dije “soy un pequeño productor de Chacabuco y los pequeños productores estamos agonizando, nos están matando los impuestos inmobiliarios, ustedes piden que tengamos paciencia, nosotros paciencia tenemos pero les pedimos que tengan piedad”. Yo no soy de ningún gobierno, vivo de mi trabajo, nadie me regala nada ni quiero que me regalen nada, pero fue la primera vez que sentí que un político no tenía apuro para irse. En varias oportunidades había hablado con políticos y tenía que ir corriendo a la par de ellos para decirle lo que quería decir. Cuando le dije estas cosas ella me dijo “voy a ir a tomar mates con vos al campo” y le pidió al secretario que me tomara los datos. Así se gestó esta visita, yo no tenía ningún tipo de relación política, contacto ninguno, antes solo la había visto por televisión.

– ¿Cómo fue el día que llegó a su casa?

– Nos guste o no, es la gobernadora, la máxima autoridad en la Provincia, y tuve la grata sorpresa de que haya estado en mi casa. Yo tengo una casa muy vieja, una triste casa de 80 años, por no decir un rancho. Tengo mi comodidad pero deja mucho que desear a lo que es tener calidad de vida. Ella vino, tomamos mates en la cocina junto a mi mujer y mi hijo. El secretario había venido el día anterior y me había pedido que estuviésemos solos. Hablamos solamente de las problemáticas de los pequeños productores, de ningún otro tema que no fuera campo. La reunión duró dos horas, nunca me imaginé que se iba a quedar tanto tiempo. Vino con una custodia de diez personas, tres camarógrafos de gobernación y no hubo periodistas, solamente la prensa de gobernación. Ella cumplió exactamente con su palabra.

– ¿Qué problemáticas pudo plantearle y cuál fue la actitud de la gobernadora?

– Le dije “no le pido nada, todo lo que quiero lo quiero tener todo con la transpiración de mi frente”. Le pedí asistencia al campo a través del Banco Provincia, nosotros veníamos con una cosecha muy magra por la sequía y ahora la cosecha se está echando a perder por las lluvias. Vamos a quedar muy endeudados, entonces le pedí al gobierno que haga una línea de créditos para asistir a los pequeños productores. Le pedí créditos blandos para poder mejorar las instalaciones, una alternativa para el pequeño productor es el cerdo, pero para tener cerdo y trabajar bien se necesita un galpón de gestación, una maternidad, una pistita de engorde o bien una sala de recría donde se puedan terminar los lechones para venderlos como lechón. Ella tomó nota de todas las inquietudes, no me dio ninguna solución porque no me puede asegurar nada, menos como está el país ahora. Yo no le pedí nada regalado ni le hablé de mi situación en particular sino de todos los pequeños productores en general.