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San Lorenzo sigue haciendo historia en el fútbol femenino: ahora estrenó la primera pensión de chicas

El ciclón continúa marcando el camino en la revolución femenina. Fue el primero que firmó un contrato y en jugar un partido en un estadio. Ahora suma una pensión de lujo en la ciudad deportiva. La historia de cuatro chicas que luchan contra el desarraigo y el machismo en pos de un sueño: vivir del fútbol

San Lorenzo está dispuesto a escribir las primeras líneas de la historia del fútbol femenino argentino. Y, en esta corta línea de tiempo, ya cuenta varios hitos. ¿Hechos históricos? Varios. Primero: El caso Maca Sánchez: el Ciclón fue el primer equipo en firmar un contrato profesional dentro del fútbol femenino. Segundo: Primer partido en un estadio: el viernes 1 de marzo de este año, el Cuervo recibió a Argentinos Juniors por la Fecha 21 de la Superliga y por primera vez en la historia se jugó un partido de fútbol femenino como preliminar al de Primera. Sí, como en los viejos tiempo de Reserva, jugaron las chicas. ¿Cómo se completa el podio? San Lorenzo también es pionero en tener una pensión femenina de primera línea.

Cuando nos abren la puerta de La Casa del Fútbol Femenino encontramos a la chaqueña Ariana Alvarez (19) y a la venezolana Lavinia Antequera (28) jugando un partido de play en una tele de 50 pulgadas. La llegada de Infobae decreta el empate y las chicas se sientan alrededor de la mesa del comedor. Lula, la mascota del lugar, deja su guiso de arroz con pollo y el hueso de una chuleta para seguirlas desde atrás. La que dirige la vuelta de mate es Rocío Correa (19, tucumana), la más extrovertida, enfrente suyo se sienta Milagros Vargas (19, de Formosa).

Correa es la número 9 del equipo, la goleadora, y también la que dirige la batuta. Ella conoce a fondo el lugar porque tuvo un primer paso por la pensión en 2016: «Llegué con 15 y cumplí los 16 acá pero me costó adaptarme. En esa época esto era un vestuario con camas, todavía no había empezado esta revolución del fútbol femenino», cuenta la tucumana que volvió a San Lorenzo hace cinco meses. «Hoy la pensión es una locura de linda, realmente somos unas privilegiadas de poder estar acá».

Hace seis meses, la Ciudad Deportiva que tiene el Ciclón en el Bajo Flores (donde también se levanta el Gasómetro) le cedió un espacio más grande a la Casa del Futbol Femenino y ahora la pensión no tiene nada que envidiarle a las de los chicos que llegan a los clubes para ser estrellas del fútbol. «Hicimos la pensión a nuevo. La idea es ser siempre los primeros, tomar la iniciativa para que otros clubes agarren la posta y sigamos creciendo», acepta el presidente del Fútbol Femenino, Juan Diego Fernández Castro. Y, para afianzar el sentido de pertenencia, plotearon la figura de cada pensionada al lado de su cama.

Rocío Correa en la cucheta de la pensión donde tiene un box ploteado con su foto. La tucumana es una de las grandes promesas del fútbol femenino y acaba de firmar contrato con una marca deportiva. (Gustavo Gavotti)
Rocío Correa en la cucheta de la pensión donde tiene un box ploteado con su foto. La tucumana es una de las grandes promesas del fútbol femenino y acaba de firmar contrato con una marca deportiva. (Gustavo Gavotti)
San Lorenzo ya tiene 15 contratos femeninos, a la par de Boca y River. Todas las chicas de la pensión reciben el sueldo profesional que hoy llega a los veintiún mil pesos y, a esas jugadoras del interior y el exterior, el club les da casa y comida lo que mejora un poco el sueldo de bolsillo. «Todos los meses nos dan dinero para nuestros gastos», acota Rocío que es la encargada de hacer las compras y de cocinar. «También de seguirles algunos caprichos a las chicas», confiesa. ¿Cuales? «Muchas veces me despierto con hambre a las dos o tres de la mañana y ella se levanta a cocinar», se hace cargo Milagros Vargas.

Milagros es formoseña y su llegada a la pensión de San Lorenzo fue toda una aventura: «Mi tío es captador de talentos en Lanús y me hizo un contacto para probarme acá. Cuando le pedí permiso a mi vieja me dijo que era muy chiquita, que no podía viajar: ´En unos años vemos´. Era año nuevo y mi tío había viajado a Formosa por las fiestas. El dos de enero, tenía el auto listo para volver y, cuando mi vieja se fue a trabajar, me escapé con mi tío. Obviamente, antes de venir al club tuve que pedir que me mandara un permiso firmado. Me lo mandó, pero no me habló durante meses. Así que, ¡todo legal!», cuenta Milagros que juega de tres y sus compañeras dicen que tiene una pegada increíble. ¿Si se amigó con su mamá? La respuesta la tiene en uno de los más de diez tatuajes que lleva en su cuerpo: «Mi ejemplo, mi orgullo, mi madre, mi amiga».

A LA EUROPEA. La pared del comedor muestra una línea de tiempo que detalla cómo, desde 2008, San Lorenzo ganó títulos en forma ininterrumpida en Futsal Femenino. En total, son 20 campeonatos entre Copas, torneos Apertura y Clausura y Nacionales. Las Santitas van segundas y jugaron las últimas cuatro Copas Libertadores. En uno de esos torneos sudamericanos fue que reclutaron a Lavinia Antequera, la joya Venezolana.
Otra muestra de la apuesta de San Lorenzo al fútbol femenino son sus captadores de talentos. La chica nacida en Valera, una localidad al pie de los Andes en el Estado de Trujillo (Venezuela), cuenta que la contactaron después de la Copa América de Futsal 2017 donde fue goleadora de la Selección Venezuela: «Nos dijeron que estaban viendo a dos de nosotras y en diciembre me escribió Gonzalo De Castro, uno de los dirigentes. Yo ya seguía a San Lorenzo porque era el equipo que más campeonatos ganaba. Y cuando me invitaron no lo dudé», cuenta Lavinia. «Si no fuera por el sueño de jugar al fútbol yo no salgo mi país. Está todo difícil, pero no como para salir. Soy muy de mi lugar. Voy a estar acá hasta que Dios me bendiga permitiéndome jugar. Cuando termine, me vuelvo pa´ casa», explica la venezolana y acepta que sufre horrores la distancia: «Más de una vez la encontramos moqueando en soledad», conceden las chicas. «No me gusta contar lo que me pasa ni descargar en las redes: la procesión va por dentro», cierra ella.

Aunque hay lugar para 16 chicas, por ahora son sólo cuatro las que viven de manera estable en la Casa del Fútbol Femenino de San Lorenzo (las que toman mate con Infobae: Rocío, Ariana, Lavinia y Milagros) y dos que están a prueba: la uruguaya Sindy Ramírez y Maricel Pereyra que forman parte de un club selecto: están entre las primeras 15 jugadoras que firmaron contrato en la Argentina.
Sus historias son parecidas porque todas están lejos de sus casas y comparten las mismas angustias. Para eso, un par de veces por semana el club les da la chance de ver a Pepe, el psicólogo que también trabaja con el plantel profesional masculino. «Las chicas están cada vez mejor contenidas, tratamos de darles todo lo que necesiten para que estén cómodas y eso les permita desarrollar su carrera. Como verás en la pared, el resultado se ve en títulos pero lo que más nos importa es cumplir con la integración social», completa el presidente de Fútbol Femenino. Mientras compiten en futsal, las chicas esperan el campeonato de once que arranca el 1 de septiembre.

CUMPLIENDO SUEÑOS. Las chicas recuerdan aquel primero de marzo que jugaron en el Gasómetro frente a Huracán como una de las emociones más grandes de sus vidas. «Fue antes del partido de Primera, con mucha gente. Me temblaban las patitas. Ver el estadio repleto para que jugáramos nosotras fue increíble. Siempre te dicen que cuando tapás la primera pelota se te pasan los nervios, pero creo que esa tarde tuve tembleques todo el partido», recuerda la chaqueña Ariana Alvarez que es la arquera del equipo y fue reclutada por San Lorenzo en el Sudamericano de Ecuador Sub-20.
Aquella tarde Las Santitas ganaron cinco a dos en el Clásico y Rocío Correa tuvo su tarde de gloria. La tucumana convirtió tres veces en el clásico y se llevó la ovación más linda de su carrera: «Vino mi familia desde Tucumán a verme. Hice un hat-trick, me llevé la pelota y, cuando salí, la gente me aplaudía de pie. Pero podés creer que atrás de mis viejos había un machirulo que me insultaba y me mandaba a lavar los platos», se descarga Rocío que ya tuvo una oferta para jugar en el equipo de la Universidad de Texas en los Estados Unidos. Además, acaba de firmar un contrato para ser una de las caras de Nike: «La llamé a mi vieja a Tucumán y le dije: ‘Ahora soy modelo'», se ríe.

-Pasamos toda la nota sin que surgiera el machismo, pero sobre el final entra. ¿Cómo lo viven? ¿Notan el cambio a pesar de que falta mucho?

Ariana: Ahora se le está dando importancia al fútbol femenino, están llegando las marcas y los contratos, es importante. Pero las redes sociales están llenas de discriminación. Yo lo padecí mucho en el barrio cuando quería empezar a jugar, hasta que un día me metí de prepo, me planté, hice goles. Me empezaron a respetar, pero nunca les gustó. Siento que la mirada del hombre a la mujer no va a cambiar nunca.

Lavinia: En Venezuela también existe el machismo, pero en mi barrio, como jugaba mejor que ellos, los chicos me invitaban a los torneos. Es más, ellos me ayudaban a esconderme de mi abuela cuando me llamaba para bañarme. Eran mis cómplices.

Milagros: Mi abuelo tiene una escuela de fútbol y empecé a jugar ahí. Primero con varones hasta que después mi tía armó un equipo de chicas. De ahí fui a la Selección, donde me vieron de San Lorenzo. No he sufrido tanto el machismo.

Rocío: Yo siento que los chabones no aceptan que nosotras evolucionemos. Fijate lo que me pasó: estaba jugando para su equipo, en el Gasómetro y el tipo me puteaba. Pero, por más que sea hombre, él nunca se va a hacer tres goles ahí. Me quedé con todo el amor que recibí ese día. Pero no vamos a bajar los brazos, nosotras nos merecemos vivir de esto.