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Mauricio Macri y María Eugenia Vidal apelaron al voto emotivo y ataron su suerte en el último acto de la campaña

En su última función, María Eugenia Vidal buscó el golpe de efecto final en la elección más crucial de su carrera política. «Les tengo que pedir hoy que ahora me sigan sosteniendo la mano como lo hicieron estos tres años y medio», resaltó con la voz quebrada y la mirada vidriosa fija en las cámaras de televisión.

Dejó la vista ahí por unos cuantos segundos, con los ojos al borde de las lágrimas. Eran poco más de las 19.40 y la principal tendencia en Twitter era para esa hora «#YoVotoMM».

El equipo de campaña bonaerense había esperado un rato más de lo previsto para convocar a la gobernadora al escenario del gimnasio del Centro Asturiano de Vicente López, el mismo lugar del 2015 y el 2017. Sus colaboradores esperaban que Axel Kicillof y Cristina Kirchner dejaran libre la pantalla de las señales de televisión por cable.

Por eso Daniel Salvador, el tercer orador detrás de Jorge Macri y Cristian Ritondo que antecedió a la mandataria, tuvo que estirar un minuto más su monólogo, afónico y repetitivo, mientras en primera fila Diego Santilli se reía carcajadas y la cumbia que presentaba a la gobernadora tapaba su discurso.

Recién cuando la gobernadora subió al escenario y apeló como nunca en la campaña a la emotividad para buscar los últimos votos, en los teléfonos celulares de sus asesores empezaban a llegar los mensajes con la imagen de los cinco principales canales de televisión por cable que mostraban el gimnasio de Vicente López.

En el cierre de la campaña bonaerense de Juntos por el Cambio, a horas de las primarias, Vidal y Mauricio Macri dejaron en evidencia que la elección en la provincia de Buenos Aires es el examen más urgente de cara a las primarias, y que la gobernadora es la protagonista principal de esta campaña.

Por algo Macri le dedicó buena parte de sus 16 minutos de discurso.

«Voy a intentar describir en palabras, se que no lo voy a lograr, el nivel de cariño y admiración que tengo por esta mujer», dijo el Presidente y señaló a la gobernadora, que le tiraba besos desde su silla. Macri hizo una pausa y se mostró emocionado. Su primo, el anfitrión, le pasó una botella de agua, mientras la mandataria se secaba las lágrimas con un pañuelo desechable.

«No se pierdan a María Eugenia Vidal. No se la pierdan», insistió tras rendirse en elogios. Su ex vicejefa de Gobierno porteño lo había presentado de una forma particular: como un bonaerense más, por su origen de Tandil, y a pesar de estar identificado con la Ciudad.

«Tal vez estoy más sensible hoy porque es el día del gato», descomprimió el jefe de Estado y el público, conformado por los funcionarios de las tres administraciones del PRO, empleados y asesores y algunos militantes, rió con ganas. Un rato antes, el hashtag «#YoVotoAlGato» también había sido la principal tendencia de Twitter. Una señal de cómo el equipo de campaña del oficialismo usufructuó el ofensivo slogan «Macri Gato».

Vidal y Macri llegan a la elección primaria de este domingo en un escenario incierto. Mano a mano con Kicillof, la gobernadora llega bien posicionada. Con el Presidente y la ex presidente, boleta contra boleta, la situación, en la previa, se presenta más complicada para la mandataria.

El jefe de Estado y la gobernadora sellaron sus destinos en los finales del verano, después de que Casa Rosada decidiera que el desdoblamiento del calendario bonaerense no tendría lugar. Hubo pataleos, operaciones cruzadas, operativo clamor en torno a un eventual proyecto presidencial de Vidal y corrió demasiada agua debajo del puente.

Pero la última función de Vicente López dejó al desnudo que la suerte de Macri y la de Vidal van de la mano. Y que el Presidente buscó colgarse de la popularidad de la gobernadora en el distrito más relevante del padrón, en el que la crisis económica golpeó más de la cuenta y donde el kirchnerismo busca dar su mayor golpe electoral.

Con la mandataria como protagonista, el cántico «borombombon borombombon, para Mauricio la reelección» tuvo lugar dos veces en la fría noche de la zona norte del Gran Buenos Aires.

Para el Gobierno, las encuestas, insumo primordial de su campaña, muestran en la previa un panorama incierto. ¿Corren de atrás? ¿Por cuánto? ¿Es una estrategia? ¿O es realidad?

A horas de las PASO, el oficialismo manoteó la estrategia de la emotividad y colocó a Vidal en el centro de la escena como el último acto de una carrera atravesada por una extrema polarización.

La duda es si la gobernadora salió a socorrer a Macri o si el Presidente fue a colgarse de su popularidad. Si el jefe de Estado la hunde. O si la mandataria lo salva.

Desde el oficialismo se aferran a su popularidad. Y sus antecedentes. «En el 2015 ganó y nadie la conocía. Ahora tenemos algo a favor: la conocen, y encima la quieren», explican, optimistas.

«Es el gato, la leona y el gatito, es la boleta completa», gritó Jorge Macri al final de su monólogo. Como el lema del kirchnerismo, «es con todos».