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Alberto Fernández: «El hambre debe avergonzarnos»

En una jornada histórica, el presidente y la vicepresidenta se dirigieron a una multitud que desde la mañana copó la Plaza de Mayo. «Estamos unidos para poner a la Argentina de pie», dijo Fernández. A su turno, CFK afirmó: «La historia la terminan escribiendo los pueblos»

Salieron juntos, saludaron a la multitud. Se abrazaron y se dieron un beso, mientras de fondo sonaba Déjà vu, de Gustavo Cerati. El presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner salieron al escenario a saludar a la multitud que durante toda la tarde había escuchado a las bandas que tocaron frente a la Casa Rosada.

Retomando a Evita, CFK dijo: «Presidente, confíe siempre en su pueblo. No se preocupe por las tapas de un diario. Preocúpese por llegar al corazón de los argentinos y ellos siempre van a estar con usted».

Por su parte, el presidente cuestionó el sistema judicial y de inteligencia, los «linchamientos mediáticos» y cerró con una frase con el mejor fallido: «Decían que no volvíamos más, pero volvimos y vamos a ser mujeres… ¡mejores!».

Tras saludar a la multitud, CFK fue la primera oradora de la noche e hizo uso de todas sus dotes histriónicas:

-Holaaaa, ¿cómo están? -le preguntó dos veces a la multitud, que le cantaba: «Pingüina corazón, acá tenés los pibes para la liberación»

-Bieeeeen.

-Yo también ahora estoy bien.

«Dejenme contarles un poco lo que me pasó esta mañana. Cuando me desperté, me di cuenta de que hacía exactamente cuatro años atrás, me había despertado en el mismo lugar, en la casa de Florencia. ¿Se acuerdan aquella noche maravillosa del 9 de diciembre cuando nos despedimos en esta plaza?», evocó.

«Les dije que en esos años que compartimos no había habido magia. Era una argentina de la solidaridad, donde nos importaba qué le pasaba al del al lado», advirtió y lo contrapuso con «estos cuatro años sé que han sido muy duros para tantos y tantas. Trabajo, salario, pobreza, el hambre que tanto desvela hoy a quien es nuestro presidente».

«Fueron años duros para quienes fueron objeto de persecusión. Se buscó que literalmente desaparecieramos a través de la humillación. Pese a todo eso, hoy estamos aquí», remarcó. «Ninguna sociedad que no tenga memoria dificilmente pueda llegar a algún lugar. Y le pusimos a la memoria la voluntad política de cambio. Uno es más grande cuando es parte de un todo. Si no, somos individualidades sueltas», afirmó.

El fragmento más vivado fue cuando se dirigió directamente a Fernández: «Presidente, quiero decirle que usted inició su gobierno con muy buenos augurios. Esta Plaza, a la que habían enrejado como un símbolo de división entre el pueblo y el Gobierno, usted ordenó que se retiraran las rejas», recordó.

«Presidente, confíe siempre en su pueblo. No se preocupe por las tapas de un diario. Preocupese por llegar al corazón de los argentinos y ellos siempre van a estar con usted», sostuvo remedando una frase de Evita Perón. La alusión al diario fue tan evidente que no hace falta explicarla. «Le dejaron un país devastado. Tierra arrasada, pero sé que usted tiene la fuerza para cambiar en la realidad. La historia la terminan escribiendo los pueblos», remarcó.

Por su parte, el presidente afirmó que «se pone fin a un tiempo y se inicia otro. Disfrutamos de una tarde expléndida, con músicos amigos que pusieron alegría». «Aquella noche que fui a cenar con Néstor Kirchner jamás pensé que se me iban a abrir las puertas para vivir la más maravillosa aventura que puede vivir un hombre de la política: sacar a su pueblo del desastre, ponerlo de pie, levantar las banderas de la producción y de la democracia», afirmó, ante el rugido de la multitud.

«Ese día también me crucé con Cristina. Por la locura nuestra, alguna vez nos distanciamos y alguna vez nos reencontramos, sabiendo que no había diferencias centrales entre nosotros. Nos habíamos distanciados por formas y por modos. Y esa división sirvió para que pudieran ganar los mismos de siempre para poner obstáculos. Son los que aparecen para endeudarnos, para privilegiar a sus amigos, para dejar con hambre a la familia».

-Mauricio Maaaacri, La Puta Que Te Parió- cantó la multitud.

-No, no. Todo eso ya pasó. Ahora estamos unidos para poner a la Argentina de pie. Al pasado más reciente, simplemente recordémoslo para no repetirlo. Aprendimos que con nuestra división se hacen fuertes. Nunca más vamos a dividirnos.

«Aquellos que creyeron en esas políticas, espero que hayan entendido: es un sistema que solo beneficia unos pocos. Es un sistema que trae miseria, que nos endeuda y nos atrapa indefectiblemente en lo más cruel del sistema financiero internacional», remarcó.

«El hambre debe avergonzarnos», remarcó. «A la meritocracia del individualismo, vamos a imponerle la solidaridad que siempre nos hizo vivir. Somos un movimiento político que nació para ser solidario con el prójimo», definió el presidente. «Los que cayeron en el pozo de la pobreza, los chicos que no pueden ir a una escuela, ellos serán los únicos privilegiados», recordó a Juan Domingo Perón.

«Así como tenemos que resolver problemas en la economía, enfrentar los problemas que la deuda nos repara, por los que están sin trabajo, vamos a empezar a ocuparnos de vivir en una sociedad mejor», aseguró. Y tuvo su momento para dedicarse a los jueces: «Vamos a poner en pie un sistema judicial que deje de servir a los poderosos para perseguir opositores y que utiliza la prisión preventiva. En la Argentina que se viene se terminaron los operadores judiciales, los operadores de la inteligencia, los jueces que se prestan y los linchamientos mediáticos que todos los días soporta

«Empezaremos a escribir un tiempo en que lo más importante es que produce y trabaja y vamos a desterrar la timba financiera», destacó. «Lo voy a hacer con Cristina, con Sergio, con Máximo, con Wado, con Santiago, con todos. Y con aquellos que no nos han votado», enumeró. Y cerró:»Decían que no volvíamos más, pero volvimos y vamos a ser mujeres… ¡mejores!»