“Tengo muchos años vividos pero solo Dios sabe cómo llegué hasta acá, yo no lo sé”

María Magdalena Gallo
El pasado martes cumplió 105 años y amablemente accedió a charlar con este diario. Cada mañana, lo primero que hace es tomar agua y rezar

Nacía en el campo, en el partido de Junín el 18 de febrero de 1915, su papá se llamaba Pedro Gallo y su mamá Magdalena Canavesse. María Magdalena Gallo cumplió 105 años de vida. Un centenio y un lustro. Una lucidez envidiable y unas ganas de vivir que contagian.
Nos recibió en el Hogar de Ancianos San Francisco de Asís, acompañada de su hijo Ángel y su hija María Isabel. Allí nos contó que en su niñez “nos fuimos a un campo que arrendaba mi papá en un pueblito que se llama Irala. En el año 1922 mi papá compró un campo en Los Indios, partido de Rojas y un año más tarde nos fuimos con toda la familia. Ahí fui a la escuela, ahí me crié y éramos 9 hermanos”.
Luego relató “yo me casé en Rojas en el año 40, pero vivimos con mi marido en Los Indios hasta el año 1976. Él se llamaba Benito Maggiolo, con quien tuve dos hijos que hoy me acompañan: Ángel Pedro y María Isabel”.
Consultada sobre cómo fue la vida en el campo, más precisamente en la localidad de Los Indios, Magdalena respondió “la vida era linda, había que trabajar mucho pero se vivía bien” y agregó “nos casamos en el año 40 y permanecimos en Los Indios hasta el año 76”.
Por qué se vinieron a Rojas, fue la pregunta y contestó con algo de nostalgia “tenía un negocio de mercería, mi esposo trabajaba en el campo, luego tuvimos un almacén pero después retiraron las líneas de colectivos de Rojas a Chacabuco, el tren no pasó más y nosotros éramos personas grandes, no había más trabajo, como mi esposo estaba jubilado nos vinimos a vivir a Rojas y acá me quedé hasta hoy”.
Sobre su estancia en el campo de chica y de casada expresó “Los Indios era un pueblito de campo lindo en aquella época, había tres almacenes, carnicería, verdulería, herrería, una fonda, una escuela”.
Cuando se le preguntó a Magdalena qué le dio la vida, ella dijo “me dio muchas cosas lindas, muchas alegrías pero muchas tristezas también” y contó “perdí a mis padres, a mis hermanos y a mi esposo, pero me dio hijos, nietos y bisnietos, soy la única que queda de las dos familias”.
Ella sabe el nombre de todos sus nietos y bisnietos, mantiene una lucidez increíble y a la vez es muy tierna cuando habla. “Tengo muchos años vividos pero solo Dios sabe cómo llegué hasta acá, yo no lo sé, soy muy creyente, rezo todos los días ahora porque antes ni tiempo de rezar tenía” y relató qué hace cada día cuando se despierta “lo primero que hago a la mañana es tomar agua y digo ‘en el nombre de la Madre María, un buen día para nosotros y toda la Humanidad’ y eso a mí me ayuda a vivir, después hago los rezos correspondientes”.
Finalizó diciendo “hay que ser buena persona, hay que ayudar mientras se pueda y llevar una vida tranquila. Estoy muy agradecida por la buena atención que tengo en el Hogar, mi segunda casa, recibo mucho cariño, estoy muy bien cuidada”.