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Turf: Calvente ganó gran premio internacional

El Latinoamericano ya había sobrepasado una tempestad hace 10 años, en Chile, cuando un terremoto en Santiago dos semanas antes obligó a la postergación por seis meses de la carrera que se disputó en el Club Hípico. Este sábado 14 de marzo, en San Isidro y en medio de otra situación social delicada como es la propagación del coronavirus, el gran premio debió correrse a puertas cerradas, (casi) sin espectadores más allá de los vinculados a la jornada, y su ganador, el caballo argentino Tetaze, necesitó sobreponerse a otros escollos que fueron acumulándose en la cuenta regresiva.

Fue un final con llanto, el de Gustavo Calvente, el jockey de nuestra ciudad ganador, y bronca, detrás, por las penurias que sufrió Altair Domingos sobre Imperador, otro de los créditos nacionales, perjudicado casi toda la recta final por el puntero brasileño, el sancionado Não da Mais, cuyo jinete, Carlos Lavor, se tomó al pie de la letra de otros tiempos la denominación de Copa Libertadores del turf.

El diluvio de las horas previas generó un rival más, la cancha pesada, un factor que demanda siempre un esfuerzo adicional sobre el césped.

Los caballos, ajenos a la pandemia, nunca se enteraron de que el cotejo estuvo en peligro, ya con las delegaciones en el país, ni que se intentó reducir lo máximo posible los ingresos, aunque la pasión haya llevado a correr los límites por momentos ante el elevado caudal de entusiastas visitantes.

Una medida para ajustar lo que vendrá, con el desafío de correr «a puertas cerradas» al menos un mes, casi coincidente con la conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo tras un paro de la Gremial de Profesionales el domingo anterior, por los atrasos en los pagos, porque no llega el dinero de la Ley.

Abstraerse de todo era la consigna. Y el rojense Calvente salió a la cancha con la mente y la sangre fría para ejecutar una de las mejores obras de su vida, buscándole un camino sin complicaciones mientras Não da Mais hostigaba a Imperador, muy abiertos, y Miriñaque trepaba al segundo lugar para completar el 1-2 argentino.

«No sé si es el triunfo que más soñé, pero es una carrera que todos queremos ganar y pocos han podido», dijo el de nuestra ciudad, sin poder parar de llorar.

En 36 ediciones, la Argentina se adjudicó siete, incluidas tres de las últimas cuatro, y apenas festejó cuatro como local.

«Sabía que tenía un gran caballo y vine al hipódromo tranquilo, con mucha confianza. En las dos carreras anteriores que lo trajimos a San Isidro, la largada muy afuera no lo había dejado emplear tanto como esperábamos de él. Y ahora andaba mejor que nunca», agregó Calvente, de 33 años.

Lo gritaron en Rojas, donde creció; en el Hipódromo de Palermo, donde todo el equipo que respetó la prohibición de ir a San Isidro siguió la prueba por televisión, y en la casa de los Calvente.

«Llegué al disco llorando porque me acordé de mi abuelo Coco, que falleció hace 4 años y era el fanático número 1 mío. Me hubiera gustado tenerlo conmigo para poder abrazarlo. Es mucha la emoción que tengo y por eso estas lágrimas», agregó sobre el caballo del stud Juan Antonio, que esta vez llevó la chaquetilla de Egalite de 9, tras una sociedad conformada con la gente de ese stud y de Bingo Horse. Al no estar nominado, debieron pagar 25.000 dólares para tener una gatera. Y la apuesta fue ganadora: se desquitó de su verdugo en el último Nacional, en Palermo.

Entre los allegados a Imperador, de dueños brasileños, habrá bronca por mucho tiempo. Hubo insultos al aire durante la prueba y luego. «¡Mirá que la vida tiene muchas vueltas!», se escuchó cuando Lavor iba camino al cuarto de jockeys. En las carreras se trata de evitar los problemas que él generó. Pero Tetaze no tiene la culpa. Fue superior.