Olga Dareta: “Me dio muchas satisfacciones el kiosco”

Tras 30 años, ‘Tu Kiosco’ cambió de dueños

El domingo 14 de junio fue la última jornada en la que se abrió la puerta bajo su propiedad. Hoy hay otra persona como titular del comercio. Habló junto a su hijo Esteban sobre los cambios que vivió estando al frente de su negocio día tras día y cómo fue creciendo el rubro

Fueron treinta años de trabajo, tres décadas de sacrificio, pero todo tiene un final. A veces por circunstancias ajenas, otras por decisión propia como este caso, en el que se decidió dar por cumplida una extensa etapa comercial. El fondo de comercio fue vendido hace unos días y Olga Dareta y familia ya no están al frente de esa emblemática esquina que le queda de pasada todo el mundo.
“Tuvimos 30 años el kiosco, con comienzos muy austeros, era una época en la que a los kiosqueros no le daban nada las empresas. Empecé en una ventanita, tenía dividido con un tabique, porque atrás había una rotisería. Los primeros tres años fueron difíciles, estaba sola, trabajaba mucho tiempo; me acuerdo que funcionaba el AGRO (salón donde se hacían bailantas y eventos), era tranquilo todo”, comenzó Olga su relato ante la visita de este diario para conocer la historia del famoso Tu Kiosco, ubicado en la esquina este de la avenida 25 de Mayo y Lavalle.
“Luego de los primeros tres años decidí abrir una puerta porque ‘La Cabaña’ (famosa fiambrería y venta de productos regionales) se cambió de lugar; fui a un tattersal, compré una puerta y mi suegro me hizo las rejas para afuera. Ahí surgió el kiosco que estuvo hasta hace cinco años, que fue cuando se refaccionó entero. Mis hijos se fueron criando y ayudándome ahí, estudiaban y venían a trabajar al kiosco; si bien hubo tiempos difíciles y otros no tanto, eran buenas épocas para trabajar, mejores que ahora, no había tantos kioscos ni la competencia que hay ahora, la gente era distinta y las empresas no te daban nada, había que generarlo”.
“El kiosco me dio muchas satisfacciones, en lo económico ya que siempre fui muy austera; tuve la oportunidad de comprar propiedades cuando en momentos difíciles la gente tuvo la necesidad de vender, entonces se consiguieron buenos negocios; en la época del 1 a 1 me vi favorecida porque tenía unos ahorros que de un día para el otro se hicieron grandes, pude comprar una casa y otras cosas”.
Consultada sobre los cambios que vivió estando al frente de su negocio día tras día y cómo fue creciendo el rubro, Olga indicó “hubo muchos cambios, por ejemplo las recargas de teléfono, de televisión, cosas que no dejaban mucho margen porque las empresas multinacionales no daban mucha rentabilidad, de ahí que hubo que ponerle a esas recargas un adicional porque no dejaba nada y había que pagar el servicio de internet”.

Los inicios
‘Tu Kiosco’ se llamó durante la trayectoria de Olga y lo explicó de esta manera. “Me lo sugirió al nombre una señora, familiar de quien tuvo La Cabaña, me dijo ¿por qué no le ponés Tu Kiosco?, como para que la persona que se empieza a hacer cliente lo sienta como propio, como su lugar”.
El domingo 14 de junio fue la última jornada en la que se abrió la puerta bajo su propiedad. Hoy hay otra persona como titular del comercio. “La gente pregunta mucho ahora que no estamos porque no se enteró, otros sabían. He formado una relación de amistad con mucha gente; algunos venían a contarme cosas que no les pregunté, porque nunca fui de preguntarle cosas a mis clientes, por sí mismos comentaban; hay gente que tengo mucha confianza y ni sé cómo se llaman, tenía bastante contacto directo, teníamos largas charlas”.
Qué hizo el lunes le preguntó el cronista. “El lunes me levanté a trabajar, a buscarle los diarios a los nuevos dueños, porque tenía que devolver los del domingo, me di de baja y se incorporó el nuevo titular”.
“El kiosco me marcó un camino diferente, porque empecé a tener trato con la gente, inicié algo que desconocía totalmente, ya que nunca había vendido nunca un caramelo; no sabía cómo marcar la mercadería y el primer vendedor que vino fue Miguel Espíndola, quien también arrancaba en sus comienzos con Arcor, que tampoco era lo que es hoy; yo crecí a la par de ellos y de hecho ellos me lo pintaron cuando hice la última parte de las reformas, me hicieron los muebles, la caramelera a medida y otras cosas más”.
“Nunca tuve momentos malos con la clientela; nos robaron dos veces pero no estábamos, fue de noche, barretearon la puerta de atrás y salieron por la ventana porque se les cerró el portón por donde entraron, dejando la persiana levantada; fue mi hija Eliana quien me avisó; la segunda vez me robaron bombones y chocolates que tenía cerca de la ventana, rompieron los vidrios pero fue eso nada más”.
Mirando en retrospectiva estas tres décadas, Olga contó “cambió mucho el tiempo de antes al de ahora, sobre todo la juventud; estaba el AGRO y si bien tomaban vino, cerveza, las peleas eran entre ellos ahí, no se veían las cosas que se ven ahora”.
Sobre la venta de alcohol y sus modificaciones a lo largo del tiempo, con restricciones y medidas, la ahora ex titular comentó “nosotros siempre vendimos para las familias, a los jóvenes menores de 18 años no les he vendido porque he tenido hijos con esas edades y no me gustaba que consumieran tampoco”.
“El kiosco me dio muchas satisfacciones, es como todo trabajo, si se hace con cariño, con amor, con dedicación, como todo funciona; estamos en un país que está pasando por momentos difíciles; además acá somos pocos habitantes y muchos negocios del mismo rubro y eso afecta, porque si hubiera un ordenamiento con una distancia determinada, trabajarían todos bien: acá hay de todo y mucho, eso no beneficia a nadie”.

La palabra de Esteban
Por su parte, otra de las caras visibles del kiosco fue Esteban Di Camillo, el hijo menor de Olga. “Casi doce años tenía cuando arrancamos con el kiosco, en una ventanita, nos fuimos criando con mis amigos ahí adentro; el sábado hicimos una foto grupal con la mayoría de los que vinieron de chicos, se compartió en las redes sociales con lindos mensajes”.
“Fue muy duro despegarse del kiosco, aunque la decisión estaba tomada; tuvimos la suerte de encontrar al nuevo dueño, a quien conozco de la escuela; hemos recibido mensajes de algunos clientes diciéndonos que es muy raro no vernos ahí, detrás del mostrador, pero es una etapa que se termina y seguramente vendrá algo mejor”.
“El kiosco fue la escuela de la calle, porque uno se codea con un montón de gente que no conoce, de diferentes clases sociales, de diferente educación y siempre con mucho respeto; nunca tuvimos un mal momento y esto me sirvió mucho en la cuestión personal para saberme desenvolver con la gente”.
Entre congoja y melancolía, Esteban comentó “el kiosco me dejó muchas cosas materiales, me forjó en valores, me enseñó que somos todos iguales y a nivel profesional muchos clientes que tuve al principio fueron del kiosco, me ayudó mucho a evolucionar en mi profesión; al abrir mi oficina fue un cambio que no sentí, fue como seguir en el kiosco, aunque es muy diferente pero me ayudó mucho para empezar en mi profesión”.
Olga completó “tenemos que dar un agradecimiento a la gente que nos acompañó durante todo este tiempo; al nuevo dueño le dije ‘no lo cierres ni un día, porque yo no te entrego una cosa destruida ni fundida, esto está funcionando y se lo dejé bien plantado’, porque hay permanentemente gente”.
Para finalizar Esteban habló de sus recuerdos, algunos tristes, otros no tanto. “El otro día mirábamos fotos el fin de semana y encontré algunas de dos amigos que perdí, que ya no están como Emanuel Pittaluga, que estaba todo el día en el kiosco y de Pablo López, que cada vez que venía de Jujuy o del Sur, donde vivía, me visitaba y pasaba a tomar unos mates; en esa época no celulares, entonces el lugar era el kiosco, donde pasábamos tardes enteras; lo que queda es un agradecimiento eterno a todos los clientes que pasaron y que mi mamá pueda descansar y hacer lo que ella quiera”.