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Aportes de la dieta mediterránea para pacientes con cáncer

La alimentación mediterránea es, sin lugar a dudas, un modelo alimentario rico, variado y saludable, y reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Entre sus beneficios, científicamente probados, se la ha relacionado con la mejora del perfil lipídico, ya que su consumo aumenta el HDL (llamado “colesterol bueno”), a la vez que reduce el LDL (“colesterol malo”). Además, es una alimentación rica en fibras y antioxidantes.

Así, desde Cáncer con Cuidados y los Grupos de Autocuidado, gratuitos, que lleva adelante la Fundación SALES, destinados a pacientes, familiares, amigos y cuidadores, se trabaja en nutrición para acompañar y apoyar a las personas durante su enfermedad.

“Conociendo la importancia de la nutrición en la salud de los pacientes, la abordamos desde diferentes aspectos, fluctuando entre la prevención, el tratamiento y la recuperación de cada uno de ellos luego de los diferentes tratamientos”, señala el profesor Salvador Franco, docente de Ciencias Biológicas y responsable de los foros de nutrición en Fundación SALES.

En este sentido, recalca: “no tenemos ninguna duda que la mejor manera de alcanzar un estado nutricional adecuado es incorporando una amplia variedad de alimentos a nuestra dieta diaria y semanal debido a que no existe un alimento que contenga todos los nutrientes esenciales para nuestro organismo”.

“Así, cada alimento contribuye a nuestra nutrición de una manera especial y cada nutriente tiene funciones específicas en nuestro cuerpo. Para gozar de buena salud, nuestro organismo necesita de todos ellos en cantidad adecuada”, completa el profesional.

Características

Básicamente, la dieta mediterránea se funda en el consumo abundante de frutas, verduras, legumbres y cereales. Es una de las dietas más recomendadas por los especialistas ya que, según numerosos estudios, es una de las mejores para reducir el riesgo de cáncer, por su equilibrio a la hora de distribuir las comidas y los alimentos.

En el caso del cáncer de mama, la dieta mediterránea podría reducir hasta un 30 % el riesgo de padecerlo. En el caso del cáncer colorrectal se señala que puede reducir el riesgo de desarrollarlo a la mitad. También reduce el riesgo en el cáncer de próstata, cáncer gástrico y tumores de cabeza y cuello.

Esta forma de nutrición tiene una influencia beneficiosa sobre la salud y la longevidad y juega un papel favorable en la reducción del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares o mortalidad general.

Sustitutos

Debido al contexto actual de Argentina, en algunas oportunidades no es tan simple poder adquirir los alimentos principales de la dieta mediterránea. Por este motivo, Franco detalla algunas opciones que pueden estar al alcance de los pacientes.

Así, en la base de la pirámide nutricional se encuentran el consumo de frutas y verduras frescas. En este grupo estaría incluida la palta, que aporta gran cantidad de Omega 3, un ácido graso con probados beneficios para la salud en general. También se recomiendan las frutas secas como la nuez, de amplia difusión en nuestro país. También la chía y la quínoa, que se cultivan en el norte y centro de la Argentina.

También es importante incorporar alimentos ricos en proteínas como las legumbres, que pueden ser lentejas, garbanzos, porotos. En este grupo se ubica el pescado.

“Hay dos tipos, los llamados pescado azul, que son aquellos que tienen un índice superior al 6 % de grasa. Algunos ejemplos son el salmón, el atún, la caballa o la trucha, esta última de amplia difusión en la Patagonia. En este grupo se encuentran los que habitan, principalmente, el litoral argentino como el dorado, la boga o el pacú. El pescado blanco, que posee solo un 2 % de grasa, incluye a la merluza, corvina y lenguado, con presencia en la costa atlántica de Buenos Aires, entre otros”, precisa, dando cuenta que es recomendable la ingesta de pescado, por lo menos dos veces por semana.

Otro de los alimentos importantes en esta dieta son los cereales, que pueden estar incorporados en el pan, harina o la pasta. Aportan gran cantidad de fibra.

En forma semanal es recomendable la ingesta de pollo, huevos, yogurt y quesos blandos que son menos grasos en comparación con los quesos duros y contienen menor sodio. Finalmente, con la menor frecuencia posible, las carnes rojas y los dulces.

Y otra de las recomendaciones, que aplica en general, es reducir el consumo de sal, utilizar aceite de oliva para cocinar y condimentar y, sobre todo, evitar el consumo de alimentos procesados.

Adoptar estos hábitos alimentarios permitirá “recibir los nutrientes necesarios en la proporción y cantidad adecuada que aportan mucha fibra o antioxidantes. Y menos grasas saturadas y compuestos potencialmente cancerígenos. Favorece que el organismo funcione correctamente y la persona pueda llevar a cabo una actividad física en función de la edad y el trabajo que desarrolle. También permite mantener un peso estable y prevenir enfermedades cardiovasculares, especialmente de infarto de miocardio”, cierra el especialista. (ANDigital)