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Vivir en las lagunas de Junín, una opción para los que buscan calma y naturaleza

El Parque Natural Laguna de Gómez y El Carpincho se han venido posicionando por su gran atracción con los deportes acuáticos y actividades al aire libre. Más allá del entretenimiento, hay quienes buscan un espacio para vivir, en relación a la tranquilidad cada vez más valorada.

¿Te imaginás que al salir de tu casa o mirar por la ventana, lo primero que veas sea un lindo paisaje verde con una hermosa laguna rodeada de enormes eucaliptos?

El vivir cerca de entornos naturales, como una laguna, puede traer grandes beneficios, además de poder disfrutar de una hermosa vista todos los días y la tranquilidad que eso conlleva.

El desarrollo urbano en el Parque Natural Laguna de Gómez y en El Carpincho ha sido imparable desde hace varios años cuando se restauraron las casillas y espacios públicos para generar más atracción turística.

De esta manera, en los últimos tiempos, las lagunas se han convertido en un atractivo importante de las personas que buscan escapar de las ciudades para conectarse con un entorno natural rodeado de vegetación y animales silvestres, reforzando el inigualable nivel de dos principales focos de atracción: tranquilidad y armonía.

 

“Me quedé por tranquilidad”

“Yo hace 10 años que vivo en la Laguna, pero hace 20 que tengo la casa. Tuvimos unas complicaciones donde vivíamos y teníamos esta vivienda para los feriados y en las vacaciones, que nos sirvió para venirnos”, indicó Norma, vecina de calle Corrientes.

“Luego, el resto de la familia se ha ido yendo y yo me quedé, más que nada por razones de salud y la tranquilidad que me brinda este espacio. Sufro por ahí de presión y estando acá en el Parque Natural yo me siento segura”, sostuvo.

“Hago los mandados una o dos veces al mes, pongo la mercadería más importante en el freezer y si tengo ganas voy y compro pan fresco acá en la Laguna. Por ahí en las proveedurías compro lo que me olvido en el supermercado de la ciudad, donde además los precios no son los mismos”, comentó.

“Acá hay seguridad, pero como en todos lados siempre hay que tener un poquito de cuidado. Pero no hay ningún problema: puedo andar en horas de la madrugada y no pasa nada”, aseguró.

 

“La gente viene para descansar”

Continuando con la entrevista, Norma agregó que “hay gente estable viviendo, en mi cuadra hay un matrimonio. Yo digo que ahora realmente la gente viene a descansar, ya que antes venía a caminar o a pasar una tarde. Llega el momento que te cansa el ruido de la ciudad por eso vienen para acá”.

“Por ejemplo, cuando yo viajo a Luján para hacer algún trámite vuelvo loca y aturdida. Me agoto porque siento las sirenas de las ambulancias, los bomberos y la policía. Si bien acá hay motos, el ruido de la sirena es otra cosa”, exclamó.

“Para mí el agua de la Laguna no existe, yo ni la veo. Antes me metía para cuidar a mis nietos cuando eran chiquitos, pero ahora ya no. No me da asco, pero me da frío. Yo me quedo en el barrio, ya que estoy tranquila y nadie te molesta”, afirmó.

“Creo que la Laguna es más para la gente grande. Mi nieto, por ejemplo, cuando vivía acá sólo venía a comer o a dormir, siempre andaba en la ciudad”, comentó.

 

Los perros

“Decir que es lindo vivir en la Laguna hay que tomarlo entre comillas porque hay muchas cosas que no deberían ser y son. Por ejemplo vas caminando por las calles internas y están los perros que todo el mundo tiene”, sostuvo la vecina de la Laguna.

“Hay calles que directamente no podes transitarlas ni pasar, porque sabemos que muerden. Son muchos perros de la calle que vienen a tirarlos acá a la Laguna desde afuera. A los muchachos de la basura no los dejan levantar las bolsas”, subrayó.

“Por ejemplo, nosotros agarramos dos que eran de la calle y uno de ellos era jodido y encaraba. Cuando le empezás a dar a de comer es como que te cuidan la casa, pero atacan al que pasa por la calle”, concluyó.

 

“Es algo espectacular”

Por su parte, Santiago Falasca un vecino de 18 años, que regresó a la ciudad tras vivir 10 años en el Parque Natural, aseguró: «En el invierno existe el lado negativo de vivir en la Laguna, ya que se siente más el frío. “A las 6 de la mañana cuando iba a tomar el colectivo para ir a la escuela, en la calle el viento pega fuerte en la cara y teníamos que caminar de espalda”.

Cabe destacar que llegó a los 8 años con su madre, dos hermanos y abuela, quien actualmente continúa viviendo en la Laguna. “Toda la familia quedó en Luján y cada tanto viajo a verlos”, expresó.

“En el verano me levanto sólo para tomar mates y ver la mañana. Es algo espectacular, hay mucha tranquilidad, se escuchan algunos perros, los pájaros y te despertás con el ruido del agua. En la noche por ejemplo, en mi casa se escucha cómo cae el agua de la caída”, expresó.

“Ahora vivo en la ciudad y por algunos motivos me dan ganas de volver y por otros no. Por ejemplo la humedad en la Laguna de Gómez es muy abundante: podes tener una casa recién hecha con ceresita, pero la humedad se siente igual”, explicó. Y agregó: “Además tenemos problemas con el pozo del baño, ya que hacés medio metro para abajo y ya tenés agua de la vertiente”.

 

“Nos íbamos al agua”

“Cuando yo vivía en la Laguna, me levantaba, iba a la Escuela Nº 7 en la mañana y volvía en la tarde. Nos poníamos las camperas, agarrábamos las cañas y nos íbamos a pescar con mi hermano hasta horas de la noche”, recordó Santiago.

“A las 7 en punto pasaba el transporte Pepa y teníamos que estar unos minutos antes en la entrada donde hacía mucho frío. Hay un momento en el año que en la mañana hace frío y cuando volvés en la tarde hace calor: en la vuelta llegábamos con todas las camperas de sobra”, resaltó

“Ya en las vacaciones de verano, nos preparábamos bien temprano y nos íbamos con los chicos al agua. Volvíamos al mediodía a la casa, comíamos y regresábamos de nuevo a la laguna que la teníamos a metros”, explicó.

“Por ahí hacer las compras en la Laguna te demanda mucho dinero, ya que un paquete de fideos te cuesta 20 pesos mientras que en el supermercado lo pagamos 12. Nosotros nos manejábamos comprando mercadería en cantidad y sí nos faltaba algo en el momento, lo comprábamos en algún almacén”, agregó.

 

“Alejado de la ciudad”

Desde el Club de Cazadores donde actualmente viven cerca de doce familias, Mario Rappa expresó que “la vida en la laguna El Carpincho es muy tranquila porque estás alejado de la ciudad y es un lugar como para relajarse”.

“Para vivir es comodísimo, no sentís ruidos, no tenés constantemente gente andando, a la madrugada hay un silencio bárbaro y es muy relajante. En el Club de Cazadores hay un consorcio donde hay cada vez más gente viviendo”, indicó.

“Además tenés pesca de noche en el espigón con luz hasta las 12, y varias actividades náuticas para hacer con 21 embarcaciones. Sinceramente es impagable. Además a la gente no se le está cobrando la electricidad, sino que sólo pagan la entrada”, explicó.

“Más allá de que el que vive ahí trabaja en la ciudad y va y viene, en el Club hay servicio de cantina, salones para eventos con parrillas bien armadas y baños con duchas nuevos. Además se está haciendo un camino costero nuevo para el lado de La Oriental y la gente que le gusta pescar de la costa se está yendo para ese sector”, informó.

“El gas natural pasó cerca de la entrada de los clubes y hubiese estado muy bueno que llegara, ya que son 200 metros de distancia hasta la entrada. Los habitantes usan garrafas o artefactos eléctricos”, explicó Rappa.

“Al mes se pagan unos 600 pesos al consorcio por lote o vivienda y cada uno tiene su medidor de luz. El que vive ahí tiene que ser socio del club porque en realidad no se apunta a que sea un barrio privado”, remarcó.

“Esto es del socio del club y eso hay que aclararlo, porque algunos vinieron con otra mentalidad de querer convertirlo en un country. La cuota por mes es de 120 pesos que ahora no es nada y por lo menos ayudan un poco a la institución”, subrayó.