Hacia la soberanía alimentaria y la autosustentabilidad

Yo puedo hacerlo

La finalidad de esta columna es mostrar experiencias de iniciativas que podemos replicar en nuestras casas para mejorar nuestra calidad de vida ya sea a través de la sana alimentación como de la fabricación de artefactos y elementos de uso cotidiano

¿Cuántas veces decimos ‘tenemos que comer mejor’ o ‘debo mejorar mi nutrición’ pero nada de eso consigo en el actual sistema de vida? Tal vez debamos decir ‘por qué no producir mi propio alimento’. Los beneficios son múltiples: haciendo una huerta nos estamos conectando con la Madre Naturaleza y eso genera una energía que no se compra en ningún mercado ni se consigue en ningún otro lugar. También sabremos qué es lo que comemos, ya que está propiciado por nuestras propias manos y nuestro ingenio.
Es orgánico este alimento ya que no contiene ninguna clase de químico, veneno ni pesticida que genere problemas a nuestra salud. Es una ventaja muy importante, ya que de este modo la salud de nosotros se verá beneficiada. Comer natural, sano y hecho en casa.
Otra ventaja, en estos tiempos que corren, tiene que ver con lo económico ya que nuestra huerta nos dará el fruto de nuestro compromiso con la Madre Naturaleza sin tener que mediar ningún pago por el hecho de cosechar unos rabanitos o algunas hojas de lechuga. Tomamos lo que necesitamos en un estado fresco y sin tener que ir a hacer fila en ningún mercado.
El sabor, la nutrición y la frescura de las hortalizas y frutos de nuestra huerta no tienen comparación con las que llegan desde cientos de kilómetros en un camión con o sin refrigeración y además sin venenos.
Ya ven, la soberanía alimentaria y una buena alimentación empieza por casa, comienza en nuestras manos y en nuestra capacidad de llevarla adelante. Para eso basta contar con algo de tierra, propia o prestada; si no es posible se puede cultivar en macetas o en cajones, en canteros. Hay varias opciones al momento de diseñar nuestra huerta.
Si bien la soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo; como se expresa más arriba: todo puede empezar por casa.
Cada domingo en este suplemento hay un informe sobre qué sembrar cada mes, los beneficios que generan en nosotros (que somos parte de la naturaleza) y en nuestra comunidad. También abordamos cómo construir artefactos o elementos de uso cotidiano tales como hornos de barro, cocinas de barro, detergente casero natural sin químicos o sustitutos del café obtenido a base de raíces de diferentes plantas, como así también dulces y conservas. El objetivo es tomar del sistema cada vez menos y empoderarnos, haciendo y disfrutando. Les aseguramos que una mejor calidad de vida es posible y en la mayoría de los casos es gratis, no se trata de comprar la felicidad, sino de hacerla nosotros mismos.